En un supermercado conviven dos mundos de códigos de barras: los que vienen de fábrica en cada producto envasado y los que generas tú cuando vendes a peso. Confundirlos es la causa número uno de precios que no cuadran en caja. En esta guía te explicamos cómo se lee un EAN-13, qué es un código de peso variable y cómo generarlos bien para que tu balanza y tu TPV se entiendan a la primera.
Qué es un EAN-13 y por qué lo usa todo el mundo
El EAN-13 es el código de barras estándar del comercio: esos 13 dígitos que llevan casi todos los productos envasados. Los primeros dígitos identifican el país y la empresa que fabricó el producto, los siguientes identifican el artículo concreto y el último es un dígito de control que sirve para detectar lecturas erróneas. Lo asigna un organismo internacional para que cada producto del planeta tenga un código único.
Para ti, como comerciante, la ventaja es enorme: cuando das de alta una lata de tomate por su EAN-13, el escáner de caja la reconoce siempre por el mismo número. No lo inventas tú; ya viene impreso. Si quieres entender cómo se estructuran y quién los administra, la referencia oficial en España es GS1 España, la organización que gestiona el sistema de códigos de barras.
El problema del fresco: ¿cómo pones código a 700 gramos de merluza?
Aquí es donde el EAN-13 de fábrica no sirve. Cuando vendes fruta, carne o pescado, el producto no tiene un precio fijo: depende del peso. Cada bandeja es distinta. No puedes usar un código único porque el importe cambia en cada venta. La solución es el código de barras de peso variable, que genera tu propia balanza en el momento de pesar.
Este código sigue teniendo 13 dígitos y parece un EAN-13 normal, pero se construye de otra forma. En lugar de identificar un producto del mundo, codifica un producto de tu tienda más el peso o el importe de esa bandeja concreta. Así, cada etiqueta que imprime la balanza es única para esa venta.
Cómo se construye un código de peso variable (con ejemplo)
Aunque cada software lo configura a su manera, la estructura típica de un código de peso variable es esta:
- Prefijo (normalmente el dígito 2): le dice al TPV «ojo, esto no es un producto de fábrica, es un artículo pesado de mi tienda».
- Código del artículo: identifica qué producto es (por ejemplo, filetes de ternera).
- Peso o importe: los dígitos que llevan el dato variable, el kilaje o los euros de esa bandeja.
- Dígito de control: cierra el código y detecta errores de lectura.
Un ejemplo sencillo: la balanza pesa 0,700 kg de merluza a un precio por kilo dado, calcula el importe y lo mete dentro del código. Cuando la etiqueta pasa por caja, el TPV lee el prefijo 2, entiende que es un producto a peso, extrae el importe y lo cobra sin que nadie teclee nada. Ese es el flujo que hace que una caja de supermercado vaya rápida y sin errores.
La clave es que el TPV y la balanza estén configurados con el mismo formato: mismo prefijo, mismo número de dígitos para el código y para el peso. Si no coinciden, la etiqueta no se lee o el importe sale mal. Lo desarrollamos en la guía práctica para conectar una balanza al TPV.
¿Peso o importe? Los dos formatos posibles
Existen dos maneras de codificar el dato variable, y conviene saber cuál usa tu sistema:
- Código con importe embebido: la balanza ya calcula el precio y lo mete en el código. El TPV solo lee ese importe. Es el más habitual y el más simple.
- Código con peso embebido: el código lleva el peso y es el TPV quien multiplica por el precio por kilo vigente en su base de datos. Tiene una ventaja: si cambias el precio del producto, se aplica el nuevo aunque la etiqueta sea de antes.
Cada opción tiene sentido según cómo trabajes. Lo importante es elegir una y ser coherente en todas tus balanzas. Un software pensado para supermercado te deja configurarlo una vez y lo replica a todos los puntos de pesaje; en GOTPV eso lo resuelve la licencia para balanzas, que sincroniza formato, catálogo y precios entre balanzas y TPV.
Errores típicos con los códigos de barras (y cómo evitarlos)
- Reutilizar un prefijo que ya usa otra cosa: si el 2 lo usas para peso variable, no lo uses también para códigos internos de otros artículos. Provoca lecturas cruzadas.
- Códigos internos que chocan con EAN reales: cuando generes códigos para productos sin código de fábrica (a granel, elaborados propios), usa el rango reservado a uso interno para no colisionar con un EAN-13 del mercado.
- No enlazar la venta con el inventario: si el código se lee pero no descuenta stock, tu inventario es humo. Conéctalo con el control de stock para que cada bandeja pesada reste de verdad.
- Etiquetas que se borran: papel o tinta malos hacen que el escáner falle. Ahorrar en consumibles sale caro en colas.
El lector de códigos: no todos leen igual
De poco sirve un código perfecto si el escáner no lo lee bien. En un supermercado con volumen conviene un lector 2D (de imagen), que captura tanto los códigos de barras clásicos como los QR que trae VeriFactu en los tickets, y que lee aunque la etiqueta esté algo arrugada o venga en la pantalla de un móvil. Los lectores láser de toda la vida leen bien los EAN-13, pero se quedan cortos con los QR. Si además tu caja tiene mucho tránsito, valora un lector de sobremesa manos libres, que reconoce el producto en cuanto lo pasas por delante sin tener que apuntar. Una buena lectura, rápida y a la primera, es lo que evita las colas y los errores de teclear a mano. Y recuerda: el lector tiene que estar bien configurado para el formato de tu código de peso variable, o volverás al problema de siempre, la etiqueta que la caja no entiende.
Códigos internos para tus elaborados
Si tu supermercado hace platos preparados, panadería propia o productos a granel envasados por ti, necesitarás generar tus propios códigos. Aquí sí los inventas tú, pero con criterio: usa el rango reservado para uso interno de la tienda, para que nunca coincidan con un producto comercial. El software te asigna esos números automáticamente al dar de alta el artículo, así que no tienes que llevar la cuenta a mano.
Todo empieza por dar de alta bien tus productos
Los códigos de barras no son un tema técnico aislado: son la puerta de entrada de tu gestión. Un catálogo bien montado, con sus EAN de fábrica, sus artículos a peso y sus códigos internos, hace que la caja vuele, que el stock cuadre y que los informes tengan sentido. Si además estás calculando la inversión en balanzas y lectores, mira cuánto cuesta un TPV para supermercado para dimensionarlo bien.
La mejor forma de entenderlo es probándolo. Da de alta unos cuantos productos, genera un código de peso variable con tu balanza y pásalo por caja. Con el programa de gestión para supermercado de GOTPV puedes montar todo esto sin coste desde la descarga gratis y ver, con tus propios artículos, lo bien que encajan los códigos, la balanza y el TPV cuando trabajan juntos.